viernes, 18 de septiembre de 2026

 

Por fin, después de mucho tiempo, aquí estoy. Ahora en Monterrey, México.

Una larga sequia y pereza, asi son las cosas. Cuantas cosas pasaron en este tiempo.
Cuantas cosas, siguen igual.
Ya tengo dos reinas, Atenea y Carla. Por desgracia apenas las he visto. Pero todo se dará.
Atenea, la niña grande. Carla la “pitosilla”. Tan distintas la una de la otra. Y NO TIENEN ABUELO.

 Por otro lado, ver como se van perdiendo los valores. La falta de respeto. Desde la juventud, hasta la política. El deporte es pelea constante. La música es cada vez peor. Si se le puede llamar música, claro. Sera la edad, la experiencia o la añoranza. Pero prefiero mi época. Donde los valores eran los justos. Ni mas ni menos. El respeto siempre. La verdad era algo necesario. Y las injusticias te dolían. Se lucho por la libertad. Esa libertad que les da el derecho a insultar. Esa libertad de poder gritar, que es una dictadura. Que incongruencia mas tonta. Donde hay un tipo medio gangoso, que no sabe cantar. Que las canciones son obscenas y carente de lógica sus letras. Y encima es el artista mas visto. “Pa cagarse” Donde la incultura, es la fe de los matones, de medio pelo. La dignidad, es algo del siglo pasado. Y la honestidad, es de cintura para arriba. Ya no sabes que es real, o si es la IA esa de los cojones.  Da miedo, ver a donde vamos.

Y como siempre que escribo. Me estoy tomando mi cubata y escuchando flamenquito. Y con el otro ojo, viendo tiktok.

Y recordando a un amigo. En poco tiempo le agarre mucho cariño. Un tipazo

Se ha quedado fría la noche sin mañana,

un golpe de sombra nos rompió el sentio.

Te fuiste en silencio, buscando el amparo

de un cielo callado que no hemos pedido.

Qué pena tan grande nubló tu mirada?

Qué viento de luto te apagó el salero?

Te fuiste metiendo por la madrugada,

dejando que el alma volara primero.

Ay, amigo mío, si el dolor hablara,

si hubieras sabido que aquí a tu verita

había mil manos que el fuego apagaran,

había un te quiero que el alma resucita.

Pero ya el cielo guarda tu misterio,

No juzgo tu sombra, ni el gris cautiverio

que te hizo dejar el compás de la vida.

Te recuerdo con rabia, te lloro con pena,

Descansa ya libre, que cese el tormento,

que la tierra regia te abrigue el desvelo.

Yo guardo los días que me quedan.

Y amigo mio, no lo tomes a mal. Pero espero, tardar en verte.

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