miércoles, 11 de diciembre de 2013

A medidas que cumplimos años, por norma general, nos gusta  celebrarnos menos. Eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, también depende mucho de esos tiempos pasados. Se acercan fechas de fiestas, cumpleaños de gente querida, que acaban de cumplir o van a cumplir años. Nos empeñamos en recordarnos que nos hacemos viejos y lo malo, es que es inevitable. Para los que no nos gusta celebrarlo, pues a poner buena cara y agradecerle a todos que te recuerden.  Para los que les gusta, pues pueden celebrarlo a lo grande y ser muy felices ese día. Y de verdad me alegro muchos por ellos. Pero no deberíamos celebrar que tenemos un año más, sino como hemos vivido ese año. Y a los que no pueden celebrarlo, tienen la opción  y el derecho a elegir su fecha de celebración.


 Con la edad lo que más nos preocupa es el aspecto físico. Con veinte años todos tenemos el rostro que Dios nos ha dado; con cuarenta el rostro que nos ha dado la vida y con sesenta el que nos merecemos. En el fondo, esto nos da a pensar que, nunca seremos tan infelices como creemos, ni tan felices como esperamos. Y como dijo Salvador Dali “El problema de la juventud de hoy es que ya no forma uno parte de ella”.

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