jueves, 6 de septiembre de 2018

REFLEXIONES PARA DORMIR




      Sin duda la mejor hora para escribir, es la noche. La tranquilidad de la noche, el silencio. Incluso yo, no me molesto a mismo. La paciencia es la madre de las ciencias, eso dicen. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando gastamos la paciencia es porque no queda más remedio. El esperar no le gusta a nadie, que yo conozca claro. La paciencia es una intranquilidad, que nos hace pensar en todo. Tanto bueno, como malo. Tememos una decepción, para después pensar ¿de qué valió? En cambio sí es algo bueno, pensamos, valió la pena!!
Todo esto en relación al futuro, porque mientras vivimos el presente, no paramos en pensar en el futuro. Un futuro que va pasando, mientras que nos olvidamos de vivir el presente. Lo único verdadero es el pasado. Que en ocasiones queremos olvidar y otras veces nos reconforta. También se dice que el pasado no se puede cambiar, pero si, el enfoque con el que lo miramos. Lo cual hace que pensemos, que esto trajo aquello y viceversa.
Yo recuerdo cuando era niño y me trae a la mente, todo tipo de sentimientos. Me veo al espejo, y mis canas y arrugas, me refleja la realidad del hoy. Y cuando veo a antiguos amigos o compañeros pienso, joder que viejos están. Pero si éramos unos jóvenes ayer. Ahora le damos menos importancia a lo que antes era primordial. Pero he aprendido una cosa. La vida no la vivimos, nos vive la vida a nosotros. Siempre soñamos con lo que queremos, pero casi nunca queremos lo que necesitamos. Y ese aprendizaje solo lo da el tiempo. Bueno están los iluminados, que siempre nos dicen que tenemos que querer. Sin saber que quieren ellos. Vivo sabiendo lo que se, sin haber sabido, lo que no sé. Y es mucho más lo que no se, que lo que se. Y algo que nunca pude aprender, es a disfrutar de la vida. Estando rodeado de gente que te enseña eso. La vida es como un charco de agua, que a medida que se va diluyendo, vamos viendo el final. Intentando evitar que se seque del todo. No queremos ver, que lo importante no es aprender, sino comprender. De qué sirve aprender, si no comprendemos lo que nos enseñan.

De jóvenes pensamos que lo sabemos todo, que somos inmortales. Y de mayores nos damos cuenta que no sabemos nada y que nos vamos a morir algún día, eso es único seguro de esta vida. La vida es una cuestión de suerte, que igual sale bien, como sale mal y nos preguntamos el porqué. Buscamos dioses, creencias que nos den un sentido a la vida. Pero no están ahí porque existan, sino porque los necesitamos. Necesitamos creer en lo que no existe, para dar un sentido a la vida. Ya que esas creencias las creamos nosotros. En un momento dado, todos nos hemos creído especiales. Nos hemos creído que teníamos un don. Para después darnos cuenta, que solo tenemos un don, el que va antes del nombre. No somos más que nadie y tampoco menos. Nosotros somos los dioses, los demonios, los reyes, los líderes, porque nosotros los hemos creado. Cuando la comprensión y la razón dialogan, los que aprendieron sin comprender discuten.

Después tanta paliza mental, que no sirve para nada, solo me queda algunas reflexiones. Si Dios es amor y comprensión, porque hay que sufrir para creer en él? Porque buscamos la verdad de las cosas, sin nos pueden traer desgracias? Porque nos empeñamos en curar a los locos, que son felices así? De qué sirve el orgullo y el ego? Porque nos pasamos la vida juzgando, y después exigimos que no nos juzguen? Y porque perdemos el tiempo, leyendo cosas que no sirven para nada? Como esto!!

Yo no quiero un amor civilizado
Con recibos y esce
na del sofá
Yo no quiero que viajes al pasado
Y vuelvas del mercado con ganas de llorar

Yo no quiero vecinas con pucheros
Yo no quiero sembrar ni compartir
Yo quiero catorce de Febrero
Ni cumpleaños feliz

Yo no quiero cargar con tus maletas
Yo no quiero que elijas mi champú
Yo no quiero mudarme de planeta
Cortarme la coleta, brindar a tu salud

Yo no quiero domingo por la tarde
Yo no quiero columpio en el jardí­n
Lo que yo quiero corazón cobarde
Es que mueras por mí­

Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren
Yo no quiero juntar para mañana
Nunca supe llegar a fin de mes
Yo no quiero comerme una manzana
Dos veces por semana, sin ganas de comer

Yo no quiero calor de invernadero
Yo no quiero besar tu cicatriz
Yo no quiero Parí­s con aguacero
Ni Venecia sin ti

No me esperes a las doce en el juzgado
No me digas volvamos a empezar

Yo no quiero ni libre ni ocupado
Ni carne ni pecado ni orgullo ni piedad
Yo no quiero saber porqué lo hiciste
Lo que yo quiero muchacha de ojos tristes
Es que mueras por mí­

Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren

Contigo de Joaquin Sabina

No hay comentarios:

Publicar un comentario