viernes, 28 de junio de 2019

Cajones de mentiras





Las prisas son malas consejeras. Vamos buscando lo imposible, recuperar el pasado. Vamos buscando algo que ya no existe y no sabemos asimilarlo. Las consecuencias de nuestros actos nos hacen volver a equivocarnos una y otra vez. Esto nos dan esas prisas, que son peores que la soledad. Y somos incluso de sufrir, sabiendo que cometemos errores. Esperando una brisa de felicidad, que se convierte en tormenta. Vamos a corazón abierto, sin pensar que es el motor que nos da la vida. Y esta se va acortando, cada vez que lo dañamos.
La desilusión, el sentirte defraudado nos da una visión distinta de la vida. Una vida que se nos escapa día tras día. Y empezamos a darnos prisas en buscar lo que nos hace daño. Mientras que llevamos una venda en los ojos, que nos hace ver lo que deseamos y no lo realmente verdadero. Los que realmente damos el corazón a quienes no lo valoran, se convierte en una burla consentida. Derramamos la vida y solo nos queda lamernos las heridas. La soledad sigue continuamente a nuestro lado, aun estando acompañados.
Cada promesa rota, cada mentira, cada desilusión se va haciendo más grande. Y esperamos algo que nunca va suceder, la verdad, la sinceridad, es lo que buscamos en el amor verdadero. Se empieza acabar las fuerzas para rebatir. Se acaba el soportar, el insulto a la inteligencia. Cada estupidez se clava en la mente, como una aguja. Prefiero que me lastimen con la verdad, a que me consuelen con una mentira. Y en ocasiones las mentiras más dolorosas, son las que se dicen con el silencio. Pero nos acostumbramos a mentir, porque es más fácil que reconocer la verdad.
Yo he mentido mucho y eso me hizo más daño, que decir la verdad. Aprendí una lección muy dolorosa, aprendí con las consecuencias. Yo no soy sincero, incluso cuando digo que no lo soy. La sinceridad es la unión, es la paz mental, es la compresión. Sin eso, no existe la confianza. El abrir el corazón a quien cierra los labios, es el mayor error que podemos cometer.
Y seguimos en busca de la felicidad, pero cada vez con menos fuerza. Cansados de pensar que algún día llegara ese momento de felicidad. Y nos hacemos mentirosos de nosotros mismos. Y dibujar la sinceridad en una pirueta abstracta, para poder ver lo que queremos.

Quiero que la felicidad
llame a mi puerta
y me encuentre
sentado
cerrando cajones llenos de mentiras.
Que junte biznagas
y claveles
para hacer un ramo
de mil colores
y compartirlo
con la gente
que están en mi camino.
Quiero que el futuro
llame a mi puerta
para poder abrirla
y estar con mis hijos
y mis seres queridos,
 y disfrutar de música y compañia.
Quiero que la verdad
llame a mi puerta
y envuelva en mi mente
las caricias sinceras
de sueños redundantes.
Que enrede sus palabras
en mis oídos como música
y salgan mis temores.
Quiero que el amor
llame a mi puerta
y llene de sonrisas sinceras
mis mañanas
y por las noches
de deseos incalculables.
Quiero que la lógica
llame a mi puerta
y que abrace mi mente
un sincero sentimiento
que pueda gritar
a los cuatro vientos
y tome mi mano
y juntos caminando
llevemos ese amor sincero
hasta cualquier lugar.
Quiero que el pensamiento
abra mi puerta.
A un amor sincero
un amor del bueno
un amor que trascienda
momentos, horas,
días.
Que salte y convierta
las ilusiones sinceras
en realidad.
Para combinar el pasado y presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario