A medida que pasan
los años, me voy dando cuenta de lo equivocado que estamos. Vivimos con
demasiados temores. Con demasiadas leyes no escritas. No disfrutamos de la vida
en muchas ocasiones por tabúes. No disfrutamos del sexo en muchas ocasiones. No
decimos lo que queremos. Todos está mal si no cumplimos ciertas reglas. Podemos
desear a otra persona. Podemos desear estar con ella y enamorarnos incluso, y
no pasa nada. Pero el tabú es el sexo, es quien marca la traición. Podemos pensar
mal del vecino, podemos desear su muerte, pero tenemos que ser respetuoso con
ellos. Incluso nos gusta pensar que podemos joder a la gente, pero si somos
educados, todo se perdona. La hipocresía está a nuestro alrededor. Dos personas
pueden estar junta y desearse, pero no hacen nada, porque está mal. La moralidad
nos acompaña en el día a día. En la intimidad todo está permitido, en cambio
nos sujeta esas leyes extrañas no escritas. Los tabúes, nos limita a todos. No tener
tabúes, no significa no tener principios. Significa gozar de ciertas costumbres
corporales. Una de perversiones del ser humano, es castigar lo que más nos
gusta.
Es un peligro
conversar cuando se tiene que ocultar algo. La sinceridad es un rasgo de
mentira, pues la verdadera es peligrosa. La mentira es un engaño, pero a veces
la verdad también lo es. Depende de cómo se utilice. Engaño sin sexo, si es honesto.
Sexo sin amor, no es honesto. La lealtad, es otra cosa diferente que a menudo
confundimos con la infidelidad.
Buscamos el bien,
el mal. Buscamos la verdad absoluta, pero no buscamos la razón lógica. La traición
está permitida, si no hay fluidos por medio. La estupidez más grande es
engañarnos a nosotros mismos, con estas costumbres. Pero también necesitamos
mentirnos a nosotros mismos para poder justificar lo injustificable. La sinceridad
se muestra como una debilidad, ante la firmeza de la hipocresía.
A veces se mienten continuamente
a sí mismos, para convencerse de que es verdad una mentira. A quien distingue
el temor del miedo y no sabe distinguir la deslealtad de la infidelidad.
Los que proclaman
la verdad son los enemigos, de los que viven de la mentira y a la vez proclaman
la razón del bien. Estos siempre se sienten amenazados y toman como violencia
la palabra.
Con todo esto, podemos
asegurar que no es más honesto el que habla sinceramente, si no el que esconde
mejor la mentira. Una buena mentira, atrae más que una verdad.

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