Como muchos niños, yo me crié sin padre. Aunque tenía uno, como casi todo
el mundo, yo no lo tenía. No me quería, por egoísmo, miedo o por vergüenza. Da igual
el hecho que yo no tenía un padre. Algunas veces me quedaba con mi vecino Franci
en su chalet o me llevaban al fútbol, junto con su padre. Se llamaba Miguel, no
sé si aún vive, la madre no por desgracia. Y me trataba como a un hijo más. También
mi madre tenía novios pasajeros y alguno también me llevaba a comer o hacer
fotos, etc. Recuerdo algunos con cariño. Para mí, el día que me invitaban era
un gran día, ese día era especial. Era como tener un padre pero solo ese día. Les
trataba como un respeto tremendo, pues quería ser un buen niño y no tuvieran
ninguna queja de mí. Incluso les hacia los recados a las madres de mis amigos,
muchas veces. Recuerdo que mi abuela, me decía que siempre estaba dispuesto
para los vecinos y no para ella. Lo que más envidiaba a mis amigos, era sus
padres, pues madre tenía dos. Tenía que ser la ostia tener un padre. Alguien a
quien imitar. Alguien a quien intentar que se sienta orgulloso de ti. Alguien que
te quiera tanto, que te de tus caprichos. Que te haga sentir seguro. Alguien con
quien poder hablar y compartir tus secretos. Y lo más importante esa persona que
te abrace cuando lo necesitas.
Cuando jugaba al tenis de mesa, veía que en ocasiones los demás jugadores, tenían a familia en las gradas. Yo lo más que tuve, fue un día a mi hermano. Ese día yo salía a jugar un torneo en mi ciudad. Mi hermano venia de juerga y bastante borracho. Quiso venir conmigo. Se sentó a mi lado en la cancha, hasta que vinieron a sacarlo. Estaba en la pista con zapatos de calle (estaba prohibido). Entonces se quitó los zapatos y se quedó allí mientras jugaba. Me daba consejos incoherentes durante el juego y sentí vergüenza. Pero es algo que siempre se lo agradeceré, es lo más parecido que tuve a un padre, en ese momento. Durante un rato, alguien deseaba que yo ganara, alguien que sufría tus fallos. Gane muchos torneos en mi vida, pero nunca lo pude compartir con nadie.
Cuando jugaba al tenis de mesa, veía que en ocasiones los demás jugadores, tenían a familia en las gradas. Yo lo más que tuve, fue un día a mi hermano. Ese día yo salía a jugar un torneo en mi ciudad. Mi hermano venia de juerga y bastante borracho. Quiso venir conmigo. Se sentó a mi lado en la cancha, hasta que vinieron a sacarlo. Estaba en la pista con zapatos de calle (estaba prohibido). Entonces se quitó los zapatos y se quedó allí mientras jugaba. Me daba consejos incoherentes durante el juego y sentí vergüenza. Pero es algo que siempre se lo agradeceré, es lo más parecido que tuve a un padre, en ese momento. Durante un rato, alguien deseaba que yo ganara, alguien que sufría tus fallos. Gane muchos torneos en mi vida, pero nunca lo pude compartir con nadie.
Tener alguien en tu vida, que este a tu lado. Que quiera compartir tu vida. Que te quiera cuidar y quiera estar orgulloso de ti, eso no tiene precio. Alguien con quien compartir recuerdos. Alguien que algún día ya no estará y no podrás recuperar el tiempo perdido. No quiero dar pena, pues esto me hizo más fuerte. Siempre me busque la vida yo solo. Tengo muchas que agradecer a muchas personas. Pero esto me dio un equilibrio que sabía hasta donde podía llegar, sin que nadie me dijera mentiras, para no herir mi "autoconfianza".
Ahora no sé hasta dónde puedo llegar. Ahora no tengo con quien compartir mi
experiencia. Hasta hace poco, mi hija me preguntaba, Papa cuéntame cosas de
cuando eras pequeño. De cuando era un niño. Mi hijo me quería siempre comprar
cosas. Siempre estaba ansioso de verme y que lo llevara a La Manga. Yo prefiero
contar cosas de ellos. De cuando estaba siempre colgada de mi cuello. Cuando la
daba de comer y después se dormía encima mía. De llevar en el coche la música que
le gustaba a ella, para cantarla. Los viajes de Málaga a la La Manga con mi
madre y mi hijo. Mil vídeos, mil fotos que hicimos. Tantas cosas que necesitaría
muchas hojas para contarlas. Italia, Honduras, Málaga, Torremolinos, Archena,
La Manga, etc. Tantos recuerdos para tan poca vida. La vida es muy corta y no
sabemos qué nos va a deparar. Es curioso como algo que parece tan intenso, se
puede romper tan fácilmente. Es como si viviéramos en un mundo de cristal y con
solo un pequeño golpe se rompe.
Lo que hace una familia, es saber que comentemos errores y perdonarlos. Es saber
que somos diferentes y a pesar de todo querernos. Nadie nace sabiendo, pero
para aprender se tienen que cometer errores. Quien enseña a ser padres, son los propios hijos. Una vez escuche a la abuela de mi hijo, "una pareja es postiza, un hijo
es natural". Y es verdad, ese vínculo es para siempre.
Solo podrás saber cómo se quiere a un hijo, cuando seas padre. Mientras solo
lo sufres.
P.D. Al escribir esto no es parecer una victima, es solo compartir unas vivencias. Intentar comprender, que no todos tienen la misma suerte.

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