Otro día más que me atormenta
la mentira, la desidia y el cinismo. Cuando llega la noche y estas solo, es
cuando te encuentras a ti mismo. La oscuridad es tu única compañía y el
silencio tu conversación. Tus recuerdos es tu película y el pensamiento tu
enemigo. La impotencia que te genera tu razón, ante la mentira es una espina
que se clava en tu mente. Intentas comprender, pero la verdad está por encima
del cinismo y te hace daño. Un daño que nadie reconoce, es como estar detrás de
un cristal estar viendo algo y al gritar nadie te escucha. Pero después te
dicen que es mentira lo que viste. Esa impotencia me genera una ansiedad que no
sé cómo tratar. Como se trata el cinismo de los demás? Es difícil vivir así. Se
supone que el objetivo final de vivir es para ser feliz y el bien supremo, como
decía Aristóteles. El verdadero fin de las cosas está en los actos y no en la virtud,
pues la virtud es la facultad del alma. Uno intenta conseguir la paz
espiritual, pues ya comprobé que la felicidad, es algo tan efímero que a veces
no merece la pena luchar por ella. Cuando no consigues ninguna de estas cosas,
es cuando la vida se convierte en una enfermedad que nos consume poco a poco. La
tristeza, la soledad son bonitas palabras para hacer frases con ellas. Como debes
estar solo para darte cuenta de lo que quieres. O la tristeza te enseña a
pensar. Todos estos tópicos son mentiras que quedan bien en los memes. No hay
nada más triste que una vida vacía. Y querer hacer de la tristeza frases de
autoayuda, es absurdo además de estúpido. Sigo intentado creer en la gente,
pues mi sentido de la amistad radica en la creencia en los demás. A mi rara vez
me ha defendido nadie, es más mis seres más queridos, siempre me suelen culpar
de todo. Prefieren defender al desconocido que a mí. Es algo que nunca terminare
de comprender. Pues suelo ser bastante protector de mis seres queridos y en
cambio ellos me echan a los lobos cada vez que pueden. Uno tiene ciertas virtudes
que no son comprendidas, o si lo son, prefieren obviarlas. Te dice que eres muy
inteligente pero te tratan como si fueras tonto. Te dicen que eres creativo,
pero no te hacen ni puto caso en tus opiniones. Te dicen que eres muy bueno
estudiando a la gente, pero cuando les das una opinión de alguien, que no le gusta, te dicen que sabrás tú. Y cuando se cumple lo que le dijiste, te dicen,
la culpa es tuya.
Ósea que la vida de cada uno,
es según la del otro. Que te mienten y la culpa es tuya por no creértelo. Y tus
desilusiones, son por tu culpa. Esa frase tan escuchada “ERES TU, EL QUE ESTA
MAL” da igual, aunque se lo demuestre “TU ESTAS MAL” así es la vida.
Voy a dejar de pensar en
negativo. Voy a ser optimista y pensar que la gente no cuenta nada que no deba.
Que la gente no miente. Que todo el mundo es bueno (aunque se demuestre lo
contrario). Que nadie juzga y que son felices. Y yo también soy feliz, bueno eso no, porque dejarían
otros de ser felices. En esta vida no tienes que ser muy feliz, siempre debes
un poco menos que el vecino. Pero no es envidia, es que es mentira. Es mejor
ser falso y agradable, que ser autentico y grosero. Ese es el pensamiento, de
los que no se quieren conocer a sí mismo.
Hablamos mucho sin decir nada
en muchas ocasiones. Porque es fácil crear palabras y lo difícil es crear
ideas. Es mejor ser persona, que ser una personalidad. Después de estas
reflexiones solo me queda la última.
“QUE TRISTE ES SER FELIZ”
Yo vi un ave
que suave
sus cantares
entonó
y voló...
Y a lo lejos,
los reflejos
de la luna en alta cumbre
que, argentando las espumas
bañaba de luz sus plumas
de tisú...
¡y eras tú!
Y vi un alma
que, sin calma,
sus amores
cantaba en tristes rumores;
y su ser
conmover
a las rocas parecía;
miró la azul lejanía...
tendió la vista anhelante,
suspiró, y cantando amante
prosiguió...
¡y era
yo!
que suave
sus cantares
entonó
y voló...
Y a lo lejos,
los reflejos
de la luna en alta cumbre
que, argentando las espumas
bañaba de luz sus plumas
de tisú...
¡y eras tú!
Y vi un alma
que, sin calma,
sus amores
cantaba en tristes rumores;
y su ser
conmover
a las rocas parecía;
miró la azul lejanía...
tendió la vista anhelante,
suspiró, y cantando amante
prosiguió...
¡y era
yo!

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